Lo primero me gustaría que en la próxima década la comunidad escolar diese un paso hacia adelante y se acercase a la altura de las necesidades de la sociedad del momento.
Por lo tanto los educadores ya tendremos asumido para entonces que no se puede pretender dar una clase tal y como se concebía en siglos pretéritos. Ya habiendo aprendido de los errores y quedándonos con lo que realmente funciona.
Del mismo modo la sociedad, por tanto las familias también, para el 2018 me gustaría que valorasen y reconociesen en su justa medida la labor de la escuela.
Si tengo que soñar me gustaría que los colegios fuesen edificios alegres, coloristas, confortables y llenos de personas de diferentes edades y con diferentes vivencias que entran y salen todos, aportando y llevándose algo enriquecedor de esa escuela.
Todos los colegios del futuro inmediato deberían estar dotados de los recursos suficientes para llevar a cabo su función. Y no me refiero solamente a los materiales, sino también al número de profesores y a la formación de calidad de los mismos.
Todo esto pertenece a cómo me gustaría a mi que fuese la escuela dentro de unos pocos años y creo que llevamos camino de lograrlo. Estamos haciendo el camino paso a paso y golpe a golpe.
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Es cierto, a veces nos olvidamos de si nuestros alumnos o los maestros están motivados en su día a día, y sería muy alentador que se evaluasen no sólo los aspectos negativos, sino también valorar los positivos de las actividades que realizamos, porque ¡claro que a mí también me gustaría soñar con una escuela más enriquecedora y alegre!
ResponderEliminarA mí también me gustaría una escuela así.
ResponderEliminarSuerte con tu blog!
Me imagino la escuela en el 2018:
ResponderEliminarAire acondicionado, cañas fresquitas, buenos pinchos, pensando en los currantes de la tiza...que maravilla.Para entonces si que habrá mejorado la escuela.Bueno, suponiendo que haya dinero para las pensiones.José Manuel.